Faltan incentivos para el consumo de carne ovina

Pese a que el consumo de proteína de origen animal se ubica en 110 kilos por cabeza y por año, liderado por las carnes bovina y seguida por la de  pollo, la de origen ovino parece ubicarse en los últimos escalones, producto de la poca difusión que tiene, a pesar que en Argentina existe una ley ovina nacional que alienta a esta producción.

 “No hemos podido superar el consumo estancia, no hemos sabido trascender la venta ovina como un producto estacional, zafrero o para el día de la madre. No hay en la góndola cortes como los hay en otros países, ni hábitos de consumo”, lamentó Carlos Vila Moret, Director de la Socviedad Rural Argentina (SRA) e  integrante de la Comisión de Ovinos.

 En declaraciones al programa Nuevos Vientos en el Campo que se emite por la FM 90.1 de la Universidad de Belgrano,  el productor  patagónico aseguró que el sector también sufrió el impacto de “carne barata para todos”, una estrategia que se implementó años atrás, que generó un efecto depresor  en los precios del producto

 “Hemos sufrido el proyecto carnes baratas para todos un efecto depresor hacia las carnes alternativas que ahora será difícil remontar, considerando al cerdo y al pollo como procesos cuasi industriales. La ganadería ovina es absolutamente distinta” prosiguió Vila Moret.

Respecto de la poca difusión de la carne ovina Vila Moret aseguró que no hay una sola respuesta en ese sentido y estimó que surgen distintas argumentaciones para tener en cuenta como el avance de la agricultura o, el desplazamiento de la ganadería ovina por la vacuna entre otras.

“Nos preguntamos por qué teníamos 60 millones de ovejas y hoy solo doce. El 80 % de la ganadería ovina se desarrolla en el 33 % de la Argentina, la Patagonia, que si bien es un buen desierto, no deja de serlo y donde llueve una media de 220 milímetros”, evaluó..

Respecto de la industria textil estimó necesario analizar: “Otro fenómeno que es el de las fibras en el mundo. Cuando la lana valía 7/8 dólares el kilo, en una época dorada donde la lana argentina participaba entre los 20/30 % de las fibras textiles  del mundo, hoy a gatas llega al 1 %. El algodón representa  el 40 y el resto son mayormente fibras sintéticas. Con la poca participación que tiene la lana, el futuro del ovino está en la carne”, analizó.

Vaticinó, asimismo, un crecimiento  y una recomposición de la majada en la Patagonia pero solo si se tienen en cuenta aspectos que relacionados con lo socio cultural y con el arraigo, más que con la incidencia del producto bruto que puede tener el ovino.

“En cuanto a las zonas de producción, existen, además de la Patagonia, el NOA y el NEA. En el norte, se llevan a cabo dos sistemas absolutamente distintos: en el NOA se produce una ganadería  de subsistencia, donde familias subsisten con 50/60/100 ovejas ordeñándolas o haciendo matras. El sistema del NEA es complementario con la producción vacuna para que no se cierren los montes.

“Este es el único lugar en el que podríamos pensar en un avance del engorde para lograr el famoso cordero pesado que se consume en el sur del Brasil y donde Uruguay ya va ganando mercado. Entonces de acuerdo con los sistemas pastoriles y culturales, podríamos dividir el futuro del desarrollo ovino en: la Patagonia, zona donde no se tiene forraje para cordero pesado y se está lejos de las zonas productoras de granos, principal insumo para hacer el engorde, circunscripta en lo que es fomentar el arraigo, ver el monocultivo vivo y buscarle rentabilidad para que los campos no se abandonen, sería zona productora y exportadora. El NEA nos daría posibilidad de hacer cordero pesado y exportar, y el NOA con ganadería de subsistencia”, concluyó  el productor