Macri en La Rural: un gesto trascendente y necesario

Un Presidente retorna a la Exposición Rural. Podría ser un hecho normal en una sociedad que así lo fuera, pero nosotros transitamos por la banquina de la lógica y en consecuencia convertimos lo natural en un absurdo. Macri vuelve después del kirchnerismo que imaginó ser de izquierda y definió a la oligarquía agropecuaria como uno de sus enemigos (apenas uno de ellos, ya que eligieron varios, demasiados).

Recordemos que el agro fue esencial en nuestro desarrollo, tanto como que tuvo relativo peso en la construcción de nuestra democracia. Fue quien definió nuestra imagen en el mundo y, también, la base para que en algún momento nos hubieran imaginado como potencia emergente. A veces uno escucha a los que dicen que pudimos ser y no llegamos por la culpa de quien fuere, y se toma conciencia que nunca tuvimos la dirigencia capaz de llevarnos a mejor destino que el que sufrimos.

El agro dio una conciencia y una cantidad de apellidos, nos dejó palacios copiados de París y obras de arte que recuerdan una pasión por la grandeza. Podemos pensar que la democracia con Irigoyen y Perón no tuvieron en ese sector sus promotores ni sus aliados. Somos una sociedad donde los conquistados y los inmigrantes fueron tantos que terminaron enfrentados con los conquistadores, una sociedad donde nos cuesta encontrar un momento para lograr la síntesis y forjar un camino entre todos.

El agro renace en el momento en que se termina aquella máxima que definía el deterioro de los términos de intercambio, ese principio según el cual los productos siempre terminarían depreciados frente a las tecnologías. Hubo un tiempo donde eso se invirtió y entonces nuestro agro se fue convirtiendo en una parte esencial de nuestra sociedad.

Recuerdo las palabras del General Perón en su último cumpleaños: “No tenemos dirigencia política pero somos productores de alimentos, y como el mundo va a necesitar alimentos podremos reencauzar nuestro futuro”. Y el mundo necesitó alimentos y nuestro agro fue capaz de dar un enorme salto de calidad en su producción. Desde el silo bolsa a la siembra directa, fue ese sector el capaz de generar su propia tecnología. Tiene además la virtud de no ser un sector concentrado, sostiene una dispersión en sus propiedades que le permite no caer en el riesgo de los monopolios. En eso me molesta mucho el decreto donde el presidente Macri intenta ampliar el margen de inversión extranjera. Necesitamos vender la producción, no la estructura productiva.

A su vez, todo tiene que ser dicho. El campo tiene la huella de un dictador -Onganía entrando en carroza a su predio- y también una triste y criticable silbatina a Raúl Alfonsín. Esas son sus culpas. Claro que, además de la productividad, tiene la autoridad moral de haber enfrentado duramente las intenciones kirchneristas de convertir a la sociedad en un feudo. Los sectores industriales carecen de quienes puedan mostrar semejante dignidad.

Las divisiones que engendró el autoritarismo de Néstor Kirchner nos hicieron mucho daño

El agro es sin duda un pilar de nuestra estructura productiva y hoy quedó atrás aquella discusión entre el agro y la industria porque la tecnología los convirtió en eslabones de la misma cadena.

Néstor Kirchner los enfrentaba sin otro sentido que expresar la burocracia en su discusión con los sectores productivos. Nos hizo un daño enorme en cada una de las divisiones que engendró su autoritarismo. La peor de ellas fue la de imaginar que se convertían en izquierda sólo por enfrentar a quien ellos imaginaban la derecha.

El Perón del retorno intentó pacificar la sociedad, eran tiempos de lograrlo. Nos equivocamos y volvimos a una violencia irracional donde perdimos todos. Estamos saliendo del que debería ser el último intento de construir poder a partir de dividir y confrontar, del último camino al seguro fracaso.

El presidente Macri no expresa mis ideas pero defiende la libertad y la democracia como único camino hacia una sociedad más justa. Su retorno a La Rural es un gesto trascendente, necesario, imprescindible para que en el futuro podamos dejar de ser enemigos y asumir con alegría la riqueza de ser dignos adversarios.

Y se cumplió un aniversario de “La noche de los bastones largos”, cuando la dictadura decidió destruir la universidad, marcar un atraso en nuestro desarrollo científico que nunca más recuperamos. Buen momento para intentar integrar a la universidad con los sectores productivos, una de las más grandes deudas pendientes.

Salimos de un gobierno con demasiados signos de extremismo y delirio para ingresar a una etapa compleja de recuperación económica y social. Nada era tan fácil como parecía, pero supimos optar por la mejor opción. Lo demás es esfuerzo y capacidad de espera. Quizá este sea el camino hacia la integración social definitiva. La Sociedad Rural es sin duda una parte importante de ese nuevo mosaico. Es lógico que así sea.